sábado, 22 de noviembre de 2025

Una vieja apuesta al periodismo novelesco

John Gregory Dunne, escritor y guionista, esposo de Joan Didion, construyó en los setenta un relato sobre su crisis personal y Las Vegas

Por Andrea Aguilar

La crisis existencial al periodista, escritor y guionista John Gregory Dunne (1932, Connecticut-2003, Nueva York) le llegó a los 35 años. "Sin razón alguna, me había entrado terror a morir", escribe en las primeras páginas sobre la rocambolesca aventura que emprendió cuando trataba de librarse de aquel pegajoso malestar. Su muerte tardaría unas cuantas décadas en llegar y sería un fenómeno literario gracias a la pluma de su esposa, Joan Didion, con El año del pensamiento mágico. Ahora, el rescate de Vegas, Cronica de una mala racha, publicado originalmente en EE UU en 1974, resucita la voz de ese fantasma, muestra otra cara, el desencanto vital que Dunne siente y el vacío que resuena como un eco en las personas con las que se cruza.

Con una prosa esmeradamente seca se suceden las escenas y los personajes perdidos en el remolino del desierto de Nevada. "Me decía que era a través de las penurias ajenas como podría entenderme a mí mismo", escribe. El Nuevo Periodismo, que llevó las herramientas de la ficción al género periodístico con talento y alevosía a mediados del siglo XX en Estados Unidos de la mano de Gay Talese, Tom Wolfe, Hunter S. Thompson y la propia Didion, entre otros, toma aquí un ángulo más novelesco. Nada de viajes lisérgicos como en Miedo y asco en Las Vegas, el libro de Dunne tiene un sabor más amargo y menos gamberro.

El autor advierte que se trata de una "obra de ficción de un periodo al mismo tiempo real e imaginado" y que, aunque se cruzó con detectives privados, prostitutas y comediantes de segunda fila, esas personas no se ajustan exactamente a los personajes que desfilan por las páginas de esta suerte de diario de un reportero desencantado.

Así que Dunne trata de frenar su caída libre fijando la mirada en ese extraño mundo de Las Vegas, sin una dirección clara. Eso es parte del encanto y también parte del problema de su relato: crudo, sin esquivar lo escatológico, masculino sin disimulo, rebosante de brillantes descripciones que evocan toda una atmósfera de submundo, las escenas se suceden sin un hilo argumental definido, porque la vida no lo tiene y Dunne opta por no imponerlo, o simplemente decide jugar con ese caos existencial. El orden deslavazado refleja el sinsentido interno del narrador y del mundo que le rodea, es parte del experimento, del que no sale del todo exitosos, quizá porque el éxito no tiene cabida en los personajes que habitan estas páginas. Dunne vive unos meses en lo que él describe como una "antesala del purgatorio" plagada de "desposeídos emocionales".

El libro tiene algo de guión de película rodado en un largo plano secuencia por el que desfilan ese detective que encuentra maridos que emprenden fugas, o a un cómico que interpreta cada noche el mismo show en una sala medio vacía en la que una prostituta con diente de oro recibe más atención que sus esforzadas bromas. Esa poesía del fracaso, de la ciudad del vicio y sus almas perdidas, forzadas todas ellas a interpretar su papel gastado, nunca deslumbrante, tiene un sabor algo caduco. Es deudora de un tiempo pasado, aunque mantiene su brillo.

La edición de esta crónica, más allá de su valor narrativo propio, añade nuevas piezas al puzzle de los didionmaniacos. Se intercala en la historia de Las Vegas, de forma sincopada y elíptica, la crisis matrimonial de Dunna y Didion, sus llamadas y peleas -"las batallas las ganaba yo, pero la guerra la parecía estar ganando ella"-. Y al fin, quizá algo de los que Dunne escribe sobre Jackie Kasey, el humorista telonero de Las Vegas con quien pasa gran parte de ese verano asfixiante, pueda aplicarse a su propia historia como escritor y pareja de Joan Didion: "Es el escudero de la estrella, gracioso pero no demasiado: al cabeza de cartel nunca hay que hacerle sombra".



Vegas, Crónica de una mala racha

John Gregory Dunne

Traducción de Javier Calvo

Gatopardo, 2025. 312 páginas. 22,95 euros


Babelia Núm. 1.774 Sabado 22 de noviembre de 2025

martes, 11 de noviembre de 2025

El oficio y el espejo

Renacimiento rescata en una edición poco acertada la obra peridística que Francisco Umbral publicó en la extinta revista profesional Juno entre 1971 y 2006

Por Anna Caballé

Francisco Umbral proyectó escribir un ensayo que iba a titular El oficio y el espejo, aunque no llegó a escribirlo, según él mismo confiesa en uno de sus centenares de artículos publicados en la revista Jano, Medicina y Humanidades -desaparecida en 2011- y ahora recuperados por Renacimiento en dos extraños volúmenes de los que enseguida me ocuparé. El título proyectado no podía ser más acertado pues ambos conceptos, ensamblados en una sola escritura ("la longaniza de mi prosa", leemos), ilustran maravillosamente la poética periodística de Umbral, mucho más que el consabido "la rosa y el látigo" al que se ha recurrido tantas veces, aunque sí es cierto que resulta menos pegadizo. Porque ambas cosas -oficio y espejo- se derrochan en la antología de artículos seleccionados, que no son todos, pues al utilizar Umbral la columna o artículo como base de obra literaria, muchos de ellos ya fueron publicados en otros formatos y se ha evitado la repetición.

En Mis paraísos artificiales, por poner un ejemplo, Umbral volcó íntegramente un periodo de los artículos escritos para Jano y quién sabe si fueron aprovechados también en otros libros. Aplicar la genética textual a la obra umbraliana, con el debido rigor, es un trabajo hercúleo que tal vez un día se lleve a cabo. Mientras tanto, la recopilación de artículos publicados en revistas poco leídas o desaparecidas (Jano se distribuía por suscripción y solía encontrarse en todas las salas de espera de médicos y dentistas) ayuda a un mejor conocimiento del embrollado mapa umbraliano, con relación tanto al trasvase de la prosa de un molde a otro como a la explicación de muchos de sus libros: ¿era el íncipit de un libro el que le llevaba a buscar artículos escritos que pudieran ayudarle a desarrollarlo o bien eran los artículos los que justificaban la publicación de un nuevo libro? Diría que la respuesta funciona afirmativamente en ambos sentidos. (Un ejemplo del primer caso sería Diario político y sentimental).

Los dos volúmenes, que deberían ser uno, y de ser dos, no tener distintos títulos, porque confunden al lector haciéndole creer que son dos cosas diferentes cuando es la misma en dos partes, reúnen un total de 234 artículos y fueron publicados entre 1971 y 2006, es decir, que abrazan prácticamente toda su trayectoria productiva (el escritor falleció en agosto del año siguiente), con la excepción de los artículos publicados en el Diario de León o los primeros en El Norte de Castilla, de interés puramente arqueológico: constituyen la prehistoria literaria del escritor.

En la recopilación encontramos la mayor parte de la temática habitual de Umbral, con la salvedad de la contención expresiva que el contenido serio de la revista obligaba al escritor, de modo que la política, el cotilleo madrileño o el lenguaje más cheli y procaz quedan fuera de ellos, mostrándose, por el contrario, el Umbral más reflexivo. Pero su estilo es inconfundible y sin duda marcó un hito en el columnismo literario, al aportarle en los años setenta y ochenta franqueza expresiva, originalidad, socialité y un lirismo que a veces elevaba el artículo a la más noble poesía.

En todo caso, lo más característico del columnismo de Umbral, también en Jano, sin duda es el espejo, es decir, la forma en que su escritura -no importa el formato en que se vuelque- es el espejo donde se construye, proyecta y refleja su precaria identidad íntima como creo haber expuesto en mi biografía, silenciada sistemáticamente por la Fundación Umbral (aunque sin poder evitar tomar de El frío de una vida todos los datos de la vida e interpretaciones de la obra que le han convenido).

Con los años, el espejo se acercaría tanto al rostro del escritor que quedó abrasado de tantos reflejos, aunque él apenas se diera cuenta del riesgo contraído. Ello explica, en mi opinión, que leer ahora a Umbral nos enfrente a atrevimientos que ya no hablan a nuestra conciencia como lo hacían 30 o 40 años atrás.

Por último, quiero señalar que es una lástima que en la recopilación se haya optado por la organización temática y no cronológica, la única que tendría sentido por dos razones: porque la temática es siempre autorreferencial y por tanto segmentarla es querer ponerle puertas al campo, y porque de haber seguido el criterio cronológico se hubiera proporcionado al lector la posibilidad de apreciar si hay evolución o no de su estilo y de su mirada sobre el mundo. En fin, no hay más que leer su artículo sobre un billete de metro para comprender qué es el talento.



Yo, Umbral. Artículos publicados en la revista Jano

Francisco Umbral

Edición de Bénédicte de Buron-Brun

Renacimiento, 2025

346 páginas. 18,91 euros



El corazón y la luna. Artículos publicados en la revista Jano

Francisco Umbral

Edición de Álex Prada

Renacimiento, 2025

312 páginas. 18,91 euros


Babelia Núm. 1.772 Sábado 8 de noviembre de 2025


viernes, 7 de noviembre de 2025

David Uclés, del anonimato a fenómeno literario en tiempo récord

El autor del libro superventas ‘La península de las casas vacías’ charla sobre las ansiedades, las amenazas fascistas y las satisfacciones que trae el éxito

El escritor David Uclés en el Café del Nuncio, en Madrid. Jaime Villanueva


Sergio C. Fanjul

Madrid - 18 OCT 2025 

Un lector le envió a David Uclés una bomba de la Guerra Civil (sin explosivo, solo a modo de obsequio). Otra lectora, que tiene una óptica, le regaló unas gafas graduadas. Y otra —al loro— le hizo entrega de las llaves de un piso vacío en Villajoyosa (Alicante), para que lo disfrute cuando quiera: “Fui una vez, pero solo duré un día: no soy un animal de playa”, cuenta el escritor.

Son cosas que pasan cuando das un pelotazo literario y generas fandom: la novela La península de las casas vacías (Siruela), que mezcla relato histórico y realismo mágico en torno a la Guerra Civil española, ya ha vendido más de 200.000 ejemplares y su trayectoria comienza a asemejarse a otro inopinado superventas-supermasivo del mismo sello: El infinito en un junco, de Irene Vallejo. En Siruela están en racha.

El día 2 de abril de 2024 este periódico publicó una entrevista con un tal David Uclés, un joven autor desconocido que lanzaba una prometedora novela de 700 páginas sobre un tema no muy común en su franja de edad. Vivía con ilusión e incertidumbre: su máxima ambición, su concepto del éxito, era tener una buena reseña en Babelia y conseguir llegar a la segunda edición. Ahora el David Uclés que aparece por el madrileño Café del Nuncio (un sitio de aires bohemios que le pega al estilo retro del escritor) es el mismo —su gorra, su barba, su camisa de cuadros—, pero también es otro: en el último año y medio ha pasado de cero a cien convirtiéndose en una figura ubicua en el panorama literario tras 22 ediciones. Se le nota el cansancio en el rostro, sobre todo en los ojos: “Sí, estoy muy cansado”, dice, “pero también muy contento y muy feliz. Y, sobre todo, muy agradecido”.


El escritor David Uclés en la calle del Nuncio. Jaime Villanueva


El éxito es, pues, agridulce. Uclés está conociendo sus mieles, pero también su hiel, que le ha llevado a la consulta del psiquiatra. “Cuando iba a un sitio lleno de gente que requería mi atención o que ponía el foco en mí, me mareaba… Me apagaba, me apagaba, me apagaba… Tenía que ir al baño a mojarme la cara y recomponerme. Era muy desagradable”, cuenta. Esos desvanecimientos le ocurrieron en una librería de Mérida, por ejemplo, o en el pregón de la feria del libro de Jaén. El estrés le impedía dormir, perdió unos 12 kilos. Ahora está en tratamiento con antidepresivos, y algún ansiolítico puntual antes de los actos especialmente populosos. “Nunca he bebido, ni fumado, ni tomado drogas… Así que, bueno, supongo que por un tratamiento psiquiátrico no pasa nada”, dice. “Y me va bien”. Todo eso se une a las arritmias que sufre: se opera del corazón dentro de unas semanas: “Así que prefiero vivirlo todo en el momento”.

Para la elaboración de su libro, en el que trabajó durante 15 años, encadenando rechazo tras rechazo editorial, Uclés recorrió 20.000 kilómetros por España para conocer la geografía de la Guerra Civil. Ahora estima llevar 50.000 en promoción, con eventos casi cada día, y más de 300 presentaciones del libro. ¿No se aburre de repetir lo mismo? “No, porque en cada lugar que visito hablo de la parte de la novela que trata la guerra en ese lugar”, explica. Por ejemplo, en una visita a Asturias, en la librería Toma 3 de Gijón, leyó los fragmentos correspondientes traducidos a la lengua asturiana. Son algo así como actos personalizados, o localizados. “Me gusta cuando la gente me dice que ha aprendido cosas de una época que no le habían enseñado o que ahora entienden mejor los motivos de sus abuelos”, explica.

Para comprender mejor aquella época, Uclés comienza en noviembre un podcast en la Cadena Ser, Las cuatro heridas, con motivo del 50º aniversario de la muerte de Franco, en el que pregunta a más de 50 invitados cómo nos afecta la inercia de la Segunda República, la contienda civil, el franquismo, en un mundo donde vuelven las tentaciones totalitarias y la extrema derecha crece entre los jóvenes varones. El primer capítulo sucede en el espacio exterior; el segundo, en el Salón de los Espejos de Baeza, donde se encontraron Lorca y Machado; el tercero, en Gernika. “Es muy poliédrico”, cuenta.

Su compromiso con la memoria histórica también le ha traído algunos problemas, como amenazas fascistas en redes sociales. Le dicen cosas como “si te veo por la calle ya verás” o “esta nueva España que se levanta hoy te va a apagar la voz”. “Lo que más me molesta es que se refieren a mi homosexualidad, mi aspecto físico o mis orígenes. Critica mi obra si quieres, pero no me llames maricón”.

Entre amenazas, tratamientos y enormes satisfacciones, la rueda no para. Solo en los próximos treinta días Uclés visitará Albacete (hacia donde sale tras la entrevista), Barcelona, Cáceres, Sevilla, Toledo, Marbella, A Coruña, La Rinconada, Almendralejo y Avilés, sin contar cuatro actos en Madrid. “Cuando empecé con la promoción era tan ingenuo que no sabía que por los actos se cobraba… Yo, que daba clases particulares por 15 euros la hora y que nunca había tenido más de 500 euros en el banco…”, dice.

En su peripecia ha sido nombrado hijo predilecto de Úbeda, ha sido pregonero en Quesada, su pueblo (trasunto de Jándula en la novela), ataviado al modo de Bienvenido, Mr. Marshall!, ha sido entrevistado en el programa de Buenafuente, ha sido destacado en un vídeo del presidente Pedro Sánchez (junto a Pedro Duque), o ha podido conocer a algunos de sus ídolos literarios, como el asturiano Fulgencio Argüelles o Salman Rushdie. Rechazó dar el pregón de Gandía: nunca había estado allí. Y ha recibido la bendición de grandes nombres de la cultura española: Ian Gibson, Joaquín Sabina, Iñaki Gabilondo o Juan Cruz. Puede que a esas generaciones, Uclés, siendo como es, les recuerde a su propia juventud.


Apoyo de Sabina

El éxito no fue instantáneo. El libro salió en primavera, pero no fue hasta la cercanía de la pasada Navidad cuando empezó a poder llamarse un fenómeno. Uclés lo achaca al apoyo de Sabina por aquellas fechas, o a que Gabilondo lo recomendó en un especial de Babelia. En ese momento la cosa se empezó a calentar y se agotaron los ejemplares para las fechas navideñas. Dejaron de ganar ahí un bien dinero, pero este año eso no va a pasar, ya están las imprentas en marcha: cuando la fama de un libro alcanza esta envergadura (como pasa con el premio Planeta) es común que se convierta en un típico objeto de regalo, la elección más obvia para los que no están muy puestos en el panorama libresco.

Hay autores que tienen una evolución progresiva, que van creciendo, que consiguen cierto estatus poco a poco. Y otros tienen un libro estrella que les aúpa de golpe y les hace subir un escalón: es el caso de Irene Vallejo, Sergio del Molino o el propio David Uclés. Esa obra tocada por los dioses les proporciona colaboraciones en medios prestigiosos, conferencias, eventos, invitaciones a festivales lejanos. Y parece que no hay marcha atrás. “Yo sigo convencido de que esto es una burbuja, de que en un año la gente se habrá olvidado de mí, hay muchos estímulos, estarán a otra cosa”, dice el escritor.

Planea seguir en esta vorágine hasta 2027, luego cortar por lo sano, irse a Praga a vivir dos años, ponerse a escribir. “Esa es la vida que me gusta en realidad, ir a un país donde no conozco a nadie, ni el idioma, y empezar de cero”, dice. ¿Y después de La península? “Hay escritores que son recordados por su nombre, otros por su obra: a mí no me importaría ser recordado por este libro, aunque publique otros después”, dice. De hecho, tiene varios proyectos a punto de acabar, que se gestaron mientras esperaba a publicar su superventas.

Una cosa buena es que Uclés, además de persona, tiene personaje, y eso, aunque sea natural, aunque no lo fuerce, o precisamente por eso, colabora a su fenómeno. “Lo más extraño de mí, lo más outsider, tal vez sea que no había cotizado en mi vida”, dice. Antes de La península de las casas vacías se ganaba la vida tocando el acordeón y cantando chanson francesa, le viene de cuando pasó casi tres años en París, por Montmartre, cantando en los bares por Charles Aznavour, Jacques Brel o Edith Piaf. La bohemia. Pero ahora… lo sigue haciendo. La diferencia es que tiene dinero y ya no pone la gorra: hay muchos otros artistas que necesitan ese apoyo. A veces la gente se da cuenta de que el músico callejero también es el novelista famoso. “Es una sensación muy bonita, cuando alguien te sonríe de manera especial mientras cantas, y notas esa complicidad, porque ha leído tu novela”. Eso también es el éxito.


El Pais Sábado 18 de octubre de 2025

sábado, 1 de noviembre de 2025

En la trastienda del negocio de los libros

Por Domingo Ródenas de Moya

Este libro es una razón de amor por la lectura, la literatura y los libros. También por los oficios de la edición, que Enrique Murillo ha ejercido, con pluralidad de tareas y posiciones jerárquicas, a lo largo de medio siglo, desde el annus mirabilis de 1969 en que nacieron Anagrama y Tusquets y él empezó a redactar informes para Carlos Barral hasta nuestro presente de conglomerados editoriales y pequeños y frágiles sellos independientes, como Los Libros del Lince que él mismo creó. Con una mezcolanza de memoir profesional y autobiografía que no excluye la dimensión personal (la crónica del Londres de comienzo de los setenta es estupenda), Murillo se presenta como un intruso en el negocio editorial, como un "personaje secundario" que ha deambulado por la sala de máquinas de distintas empresas observándolo todo, a la vez que ha contribuido a engrasar la maquinaria con su criterio literario, sus intuiciones mercantiles y su habilidad para desatascar negociaciones obturadas. El periplo de Murillo es de lo más variado e incluye una etapa fundamental en Anagrama, donde impulsó la "nueva narrativa española" de los ochenta -marbete que él asegura haber acuñado-, la dirección de Plaza & Janés entre 1992 y 1996, donde se bregó con los superventas, o un lustro en el tinglado del Grupo Planeta, donde tuvo que salir a la caza de un ganador para el premio. La sucesión de amos, andanzas y desventuras recuerdan los de la novela picaresca, aunque a menudo el narrador se pone serio para denunciar las prácticas irregulares y abusos de los que ha sido testigo y víctima.

Tanto el relato de hechos (un sinfín de anécdotas de lo más suculentas) como las denuncias de prácticas fulleras y de explotación laboral están hechos -casi es ocioso decirlo- desde su perspectiva, con la indisimulada subjetividad del testigo que cuenta lo que vio sin poder desentenderse de los prejuicios que sufrió en carne propia. Recordar que los traductores están mal pagados y poco reconocidos en general, que los informadores editoriales y los correctores cobran una miseria o revelar que alguna empresa llevó una doble contabilidad de ventas para manipular a la baja las liquidaciones es valiente, pero por fortuna no se agota en esa valentía ni el interés no el mérito del libro. De hecho, esa parte, que justifica el subtítulo La oscura trastienda de la edición, ni se sobrepone ni sofoca la pintura entusiasta del oficio del editor, del mismo modo que los desacuerdos del autor con el fundador de Anagrama no le impiden reconocer que Jorge Herralde ha sido uno de los grandes editores del siglo pasado.

Estas memorias recorren a la vez, sin afán de exhaustividad, más de medio siglo de literatura en español desde la muy idiosincrásica visión del autor, que con toda legitimidad expresa sus predilecciones (Marías, Coetzee, Sebald, McCarthy, fácilmente compartibles) y rechazos (García Máquez o Vázquez Montalbán, nada compartible, al menos para mí). Se aprende mucho con la relación episódica de lo que se cuece antes de que un libro se publique y se nota la mano de quien ha pasado los últimos 20 años enseñando en un máster en edición. Como se notan su pulso de escritor y traductor (de James, Nabokov, Barnes, Amis...) y el aliento infatigable de quien ha dedicado su vida a transportar el talento ajeno hasta sus verdaderos beneficiarios, los lectores.



Personajes secundario

Enrique Murillo

Trama, 2025

538 páginas. 29 euros


Babelia Núm. 1.766. Sábado 27 de septiembre de 2025