miércoles, 16 de enero de 2013
Elemental
lunes, 7 de enero de 2013
La ciudadela de los libros por Mario Vargas Llosa
LA CUARTA PÁGINA
PIEDRA DE TOQUE.
Carmen Balcells propuso, sin éxito, crear en Barcelona unos Archivos y Bibliotecas de Escritores. En México el proyecto se ha hecho realidad en la más bella biblioteca del siglo XXI
MARIO VARGAS LLOSA 2 DIC 2012
FERNANDO VICENTE
Hace unos veinte años oí a la agente literaria y matriarca de escritores Carmen Balcells hablar de un proyecto fabuloso relacionado con Barcelona y los libros. En los años siguientes siguió hablando de él, mientras lo pulía y redondeaba, a la vez que, utilizando todas las artes y técnicas de que es capaz (y que son poco menos que infinitas), trataba de convencer a las autoridades de la Generalitat de que lo pusieran en marcha.
El proyecto consistía nada menos que en convertir todos los antiguos cuarteles de la Ciudad Condal en Archivos y Bibliotecas de Escritores. Como Barcelona había sido en los años setenta la capital del boom y tierra privilegiada del reencuentro entre los escritores latinoamericanos y españoles, Carmen quería que los primeros archivos y bibliotecas que sentaran sus reales en los excuarteles fueran los de García Márquez, Cortázar, Fuentes, etcétera, y que poco a poco se les añadieran muchos otros, de España, Europa y el mundo entero. En unos años (10, 20 o 50), Barcelona se convertiría en una esplendorosa Ciudad de los Libros donde investigadores, bibliófilos, letra heridos y lectores de los cinco continentes acudirían a consultar, leer e impartir seminarios y cursos sobre todas las literaturas contemporáneas.
Las autoridades catalanas no debieron ser muy receptivas al respecto, porque, con el paso de los años, Carmen Balcells fue refiriéndose cada vez menos al asunto hasta, un buen día, desistir de semejante sueño, por imposible.
Lo que nadie podía prever es que, años después, una idea equivalente, aunque de proporciones menos gigantescas, germinaría de pronto allende los mares, en la capital de México, gracias al empeño de una matriarca mexicana llamada Consuelo Sáizar Guerrero, tan iluminada y tan pragmática como Carmen Balcells (aunque tal vez menos apabullante), y que esta vez el proyecto se haría realidad, convirtiendo a México DF en la sede de la más bella, original y creativa biblioteca del siglo XXI: La Ciudad de los Libros.
Está instalada en una Fábrica de Tabacos que se construyó a fines del siglo XVIII, en un área de 40 mil metros cuadrados, en el centro colonial de la ciudad. Fue también fábrica de armas, cárcel militar, hospital y cuartel. En 1946, José Vasconcelos la convirtió en la Biblioteca Nacional, que dirigió hasta su muerte. Luego, entiendo que hubo un largo paréntesis de inactividad en el desgastado local hasta que en 1987 el arquitecto Abraham Zabludovsky inició su rehabilitación.
La Ciudadela, inmenso y hermoso espacio, consta de patios, jardines y pabellones donde se han reunido las bibliotecas privadas de un puñado de escritores mexicanos —José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis— que suman, juntas, cerca de 350 mil volúmenes.
Cada biblioteca ha sido confiada a un grupo de arquitectos, artistas y decoradores que han reconstruido y ordenado las diferentes colecciones respetando la personalidad —los gustos, las manías, las fantasías y las ocurrencias— de sus antiguos dueños, y, al mismo tiempo, facilitando al máximo la accesibilidad de los libros y la comodidad de los lectores. No exagero si digo que todos estos edificios —muy diferentes uno del otro— son creaciones donde el buen gusto, lo funcional y lo grato de la atmósfera, resultan extraordinariamente estimulantes para el quehacer intelectual. Sé por qué lo digo. Me he pasado la vida leyendo y escribiendo en las bibliotecas de todas las ciudades en las que he vivido y, con la excepción quizás de la antigua British Library —cuando estaba en el Museo Británico, antes de mudarse al mastodonte de St. Pancras— no recuerdo haber sentido tantas ganas de ponerme a trabajar (y hasta quedarme a vivir allí) como en las varias bibliotecas de la Ciudadela mexicana.
Nada más cierto que las bibliotecas retratan a sus dueños. Basta comparar el orden y el equilibrio de los setenta mil volúmenes que reunió el historiador, ensayista y crítico José Luis Martínez, con la atmósfera poética y ecléctica de García Terrés, o el alegre desorden y la curiosidad desenfrenada del agudo cronista de la cultura popular que fue Carlos Monsiváis. A la entrada del pabellón que alberga la biblioteca de este último recibe al visitante una fotografía con los ojos subyugantes de María Félix en la que la diva ha estampado una cariñosa dedicatoria a Monsiváis. El pintor Francisco Toledo ha alfombrado este local con un tapiz lleno de los gatos que aquel criaba y concebido un panel delicado y exótico con los lomos de los libros y una cabeza de pelusas de su viejo dueño, que los contempla con nostalgia.
Además de estos pabellones, hay otros, dedicados a los niños, a los bebés —sí, he dicho a los bebés y su local se llama ¡la bebeteca!— y a los ciegos (eufemísticamente bautizada Biblioteca para Débiles Visuales). Me quedé con las ganas de echar un vistazo a la misteriosa bebeteca; pero, en cambio, sí tuve tiempo de pasearme un buen rato en el pabellón de la puericia y sentirme niño otra vez, entre esos juguetes diseñados con personajes y lugares de cuentos de hadas y novelas de aventuras que van astutamente empujando la curiosidad de los precoces lectores hacia los libros en que aquellos juguetes se inspiran. Hay también un auditorio mil y una nochesco para los cuenta cuentos.
Probablemente el más literario y original de todos estos pabellones sea la biblioteca de invidentes. La música es en ella tan importante como en la bella novela de Bruce Chatwin, The Songlines, donde este describía el antiguo mundo de los aborígenes australianos como un fantástico recinto donde las fronteras entre las distintas etnias y comunidades no eran geográficas sino musicales. En el interior de esta biblioteca los espacios están delimitados por composiciones sonoras, cuyos autores han trabajado en su gestación con la asesoría de los propios invidentes. Estos pueden dirigirse, guiados por la música, hacia los estantes o puntos de lectura que usualmente ocupan. La biblioteca no sólo dispone de una vasta colección de obras en braille sino también de tabletas, cintas y discos de libros grabados que pueden ser escuchados en pequeñas cabinas individuales. Para aislar este pabellón de los ruidos de la calle hay, entre esta y aquel, un jardín y un camino delimitado por aromas de flores y de árboles que guían al usuario desde la puerta de entrada de la Ciudadela hasta el pabellón, sin necesidad de lazarillos.
La licenciada Consuelo Sáizar Guerrero, Presidenta de Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), no hubiera podido materializar este formidable proyecto cultural si no hubiera recibido el apoyo (y los recursos) del gobierno del Presidente saliente de México, Felipe Calderón. Como se atrevió a enfrentar al dragón del narcotráfico, guerra que ha hecho correr mucha sangre y mucho sufrimiento en su país, muchos juzgan negativamente la gestión de este gobernante. Yo creo que ha sido valiente, honrado y que ha contribuido decisivamente a la democratización del que es, ahora, el primer país hispanohablante del mundo. Y no creo equivocarme si digo que, una vez que pasen los años y se vayan desvaneciendo de la memoria histórica las violencias de estos años asociada al narcotráfico, la Ciudadela de los Libros seguirá allí, intacta, atrayendo cada vez más lectores, como un enclave de civilización invulnerable a la barbarie.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2012.
© Mario Vargas Llosa, 2012.
El Asesinato de Rogelio Ackroyd por Agatha Christie
Titulo original: The murder of Roger Ackroyd
Traducción de G. Bernard de Ferrer
De Ediciones Santillana Ediciones Generales SL para la edición de el diario El Pais SL
2004
Nota de la autora
Considero que El asesinato de Roger Ackroyd es el más conocido de mis libros. Fue uno de los primeros que escribí, tal vez el quinto o el sexto, y creo que su éxito es debido a su idea central, idea que solo podía ser utilizada una vez. Era original (aunque de entonces acá le han salido muchos imitadores), significa, casi siempre una sorpresa completa para el lector. Desde el puto de vista del escritor presentaba cierto inconveniente técnico que era interesante intentar.
Algunos lectores han gritado indignados: "¡Tramposa!", acusación que he rechazado con gusto, llamando la atención, por turno, sobre varias frases y expresiones cuidadas. Fue un libro que gocé escribiendo, y uno de cuyos personajes, la hermana del doctor, Caroline, he trazado con el mayor placer. Cuando el libro fue adaptado a la escena con el título de Coartada, ¡ay!, mi inquisitiva, dominante y solterona Caroline pereció en el arreglo, siendo sustituida por una joven encantadora de buena presencia y sin mal genio. ¡Que dolor sintió la autora de su corazón!
Agatha Christie
Contacto de Carl Sagan
Titulo original- Contact
Traducción- Raquel Albornoz
Plaza & Janes Editores SA
Séptima edición Noviembre 1998
Un detalle curioso, tal vez castigo místico, el diseño de la portada del libro es un fotograma cedido por Warner Española SA distribuidora de la película en España. Y es que tiene miga que, uno de los mayores divulgadores científicos como Carl Sagan, cansado de esperar a que los estudios de cine se decidiesen a rodar un guión suyo, hizo algunas correcciones y lo publicó como una novela. Una alegría, porque los libros suelen ahondar mucho más en los detalles.
Finalmente se rodó la película y la doctora Ellie Arroway realizó uno de los viajes más hermosos que soñamos hacer.
El autor, siempre divulgador, intenta una y otra vez sorprender y cautivar al personal con las armas de las que dispone, que es básicamente una: el cerebro. El tiempo no ha tratado mal el texto y definitivamente, la historia paralela sobre la búsqueda de la inmortalidad me fascina. Y desde luego, los números primos han ganado mucho interés para mí, desde que leí esta novela.
sábado, 5 de enero de 2013
El Hobbit por John Ronald Ruelen Tolkien
El Hobbit edición para el Circulo de Lectores por Ediciones Minutauro 1982 traducción Manuel Figueroa ilustración de la portada El sendero de la montaña por J. R. R. Tolkien
En estos días está de moda, una moda creciente, una ola de popularidad, de hecho una moda, una fama y una popularidad que ha crecido exponencialmente, a unos niveles y de una amplitud que supongo jamás hubiera soñado el autor de las historias que comenzó contado a sus hijos a los pies de su cama para que durmiesen. Incluso si hablamos de las fechas de publicación ya han pasado unos cuantos años (más de 80 años). No es que la fecha tenga mucha importancia, tan solo es una referencia, pero el paso de los años le ha sentado bien. De hecho la edición en castellano de las historias de Bilbo Bolsón datan de 1979, y mi primera lectura fue en la edición de 1982 de El Circulo de Lectores, algo que ya forma parte de la nostalgia ya que el libro no era mío y he comprando una copia de saldo, a pesar de la enormidad de ediciones diferentes que hay ya de El Hobbit.
The Hobbit, or, There and back again edición de George Allen & Unwin 1979 (La primera edición de esta editorial data de 1937) Ilustraciones del autor.
Peter Jackson ha decidido contar con todo detalle, y no de forma rápida, no creyese que fuese a verla jamás, pero ahí está, contada, mostrada, brillante, y tal vez no sea yo un critico adecuado (puedo encontrarla demasiado seria y sin los destellos de humor que contenía el libro, pero han buscado soluciones brillantes) típico en lectores empedernidos de un tipo de literatura. Llegué a traducir las runas del libro, y sí, se puede y tienes un texto en inglés que significa lo que te dice el autor.
Lo cierto de las obras de Tolkien es su sencillez, todo suena o mejor dicho resuena, contiene elementos conocidos, la mitología del autor es la mitología del norte de Europa, siempre me dio la impresión de que alguien me contaba la verdadera historia del pasado remoto del Norte, seguro que les gustaría eso. En realidad Tolkien, filólogo e historiador depura durante mucho años un proceso de selección para poder narrar la Historia que le hubiese gustado que ocurriese, y también conoce el Mal, el Terror primigenio en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Habla del mundo con grandes parelelismos, y esta claro que le hubiese gustado transportarse a Bolsón Cerrado y vivir allí hasta el fin de los tiempos.
En realidad Tolkien es de otro tiempo, nacido en 1892, graduado en Oxford en 1915 comienza las notas sobre El Silmarillion en 1917 comienza a crear su propio universo de donde saldrán el resto de las historias, algo así como su propio Antiguo Testamento, una vida dedicada a otro mundo ya que el suyo propio sufría una transformación brutal. El siglo XX convulsionaba y el siglo XXI no se esta quedando atrás.
Pensé que jamás lo vería, 30 años después de leerlo, un tipo genial se ha encargado de plasmarlo en imágenes, y ha hecho un trabajo genial.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Entrevista a James Ellroy
James Ellroy: “La escritura no es ningún exorcismo”
El escritor, autor de 'L. A. Confidential', conversa sobre literatura, las elecciones en Estados Unidos y la vida
JUAN CRUZ Madrid 11 NOV 2012 - 00:58 CET13
Llueve y el día está oscuro como una tumba, pero James Ellroy (Los Ángeles, 1948) sale de un coche negro vestido de manga corta, con una camisa floreada, camina como si fuera un explorador, se adentra en el Café Gijón con sigilo, mirando sin pudor a las mujeres. Cuando se sienta en el lugar en el que antaño se situaba aquí una tertulia de actores, escritores y jueces, Ellroy ladra como un perro (“los perros me entienden, yo soy un perro grande y feo”), grita contra Obama (“¡es un cantamañas!”), certifica su fe cristiana y manifiesta su desdén por el mundo. Él es el famoso autor de L. A. Confidential, además de un libro a partir de la memoria del asesinato de su madre, que murió en tenebrosas circunstancias cuando él tenía diez años (Mis rincones oscuros) y otros textos que son la base de su explícito orgullo como escritor.
Pregunta. Escritor policíaco… ¿Por qué no solo escritor?
Respuesta. A la gente le gusta poner calificativos a lo que uno escribe. No sé en qué sección de las librerías ponen mis libros, y en el fondo me da igual si los ponen en la serie policiaca o en la de literatura.
P. Porque usted tampoco va a las librerías.
R. No. Tampoco voy al cine, no veo televisión, no tengo teléfono celular, no uso computadora. Paso del mundo. Me he comprado una casa tranquila y silenciosa, de paredes oscuras. Y ahí escribo, en un cuaderno blanco. Solo tengo una vida interior, y tumbado, a oscuras, pienso. Viajo por la historia de América a mi propio ritmo mental y organizo grandes narraciones. Tengo un marco amplio, es el marco de la Historia, el marco de los personajes de la vida real, el de los personajes de ficción. Comprimo ese marco hasta contenerlo en las páginas de una novela… ¿Ha visto pasar esa chica tan guapa?
P. La he visto. ¿Cuál es el chispazo de su escritura?
R. ¡Eh, chica, you are beautiful! ¡¡¡Ven!!! Ah, el chispazo. Cuando escribí cada uno de mis libros tuve en la cabeza el orden cronológico de los asuntos que quería describir, conozco los acontecimientos de la vida real, vivo dentro de ese contexto, paso del mundo que hay a mi alrededor, así que me integro del todo para vivir más ávidamente en el pasado.
P. Está fuera del mundo, pero ahora está en la literatura…
R. He leído tan solo un puñado de libros. Y no leo porque escribo tan bien… Me gusta pensar, me gusta escuchar música clásica, me gusta estar solo.
P. ¿Qué le hacen a usted sus propios libros?
R. He aprendido cosas específicas sobre mí escribiendo, y sé que afectan a mi vida, pero no creo que la literatura sea ningún exorcismo. Y como escribo series de libros, cuando acabo uno me siento incendiado, quiero continuar.
P. Habla con los perros, duerme con ellos. ¿Y con la gente, cómo se lleva?
R. Yo no tengo una visión de la vida actual. Esto la gente no lo entiende. Yo no pienso en la violencia. Me aíslo de ella. Soy adinerado. Vivo en un buen barrio. No disfruto de la miseria. Desprecio el nihilismo. No me va el rock and roll. Vivo dentro de mí mismo y paso del mundo. Vale: soy bueno con la gente, hola qué tal, tengo buenos modales. Pero en general vivo solo para crear. Así que mi propósito no es describir el mundo actual, diseccionar el mundo actual. No soy un crítico de la América de hoy, mi propósito es crear los dramas de la América histórica.
P. Mire lo que dice hoy la portada de EL PAÍS: Estados Unidos vuelve a soñar… Obama…
R. Obama, ¡grrrrrrrrr!
P. ¿Qué quiere decir con grrrrrrrrr?
R. ¿No sabe qué significa grrrrrrrrr? Usted sabe lo que significa…
P. Entonces, ¿no debemos pensar que abre una expectativa incluso para nosotros?
R. No sé, señor, no sé. Como le digo, sólo sé tres o cuatro cosas.
P. En una entrevista leí que usted apoyaba a Obama…
R. ¡Estaba de broma! He apoyado a Romney…
P. ¿Por qué piensa que perdió?
R. ¿Qué? ¡Porque la gente está llena de mierda y está atraída por Obama porque es un cantamañas! Ustedes deberían tener más fe en Romney, él es mejor para América, mejor para el mundo libre… Pero dejemos eso, hablemos de mí y de mis libros…
P. Usted es un escritor célebre, también fuera de su país. ¿Cómo se lleva con la fama?
R. Me gusta la fama, no es que sea una estrella de cine, pero esa joven que pasa por aquí es hermosa, qué hay, cómo estás… Ya sabes, empiezas a pensar: ¿se acostará conmigo? Pienso así porque soy un escritor famoso. Y piensas, bueno, le llevo treinta años, pero soy famoso. ¡Eso es combustible, tío!
P. Eso es lo externo. ¿Y su alma? ¿Cómo es su alma?
R. Soy cristiano. Creo en la divinidad de Jesucristo. Creo en el Reino del Cielo y la Tierra, y en que existe un continuum entre el cielo y la tierra. Sé que nuestro tiempo en la tierra parece largo, pero es bastante breve. Siento las emociones con mucha intensidad.
Tengo muy pocos amigos. Me gustan las mujeres con avaricia. Me gusta pensar que si me otorgo a mí mismo la suficiente soledad, el mundo vendrá a mí. Cultivo el anhelo. Todos mis mundos nacen del anhelo, el anhelo romántico de Beethoven. Es el desear a determinadas mujeres, a un conjunto de mujeres, y el no poder tenerlas. Después de todos estos años, comprendo que el amor lo que hace es tropezar mucho más que terminar. Todo esto vive dentro de mí y me permite crear mundos, lo que constituye el amor que le devuelvo a la gente. Es mi legado humano antes de pasar a otro mundo, y es un legado significativo. Tengo 64 años, y estoy muy sano, y mi intención es escribir muchos más libros.
P. Escribió un libro en el que parece aventar la historia terrible de su madre. ¿Se sintió aliviado?
R. Lo escribí, y luego escribí otro, sobre las mujeres y yo. No. No hay exorcismo. Está dentro de mí, no sale nunca. Mira, la literatura nace así. Mi amigo Jaime de Campo, el editor de Vintage Books, me enseñó una hermosa foto que aparece en un libro. Es un libro de su compatriota Carlos Ruiz Zafón. Es de Barcelona, está tomada en algún momento de años treinta . Hay coches en segundo plano. Es una bonita calle de Barcelona. Es invierno. Está lloviendo, y en primer plano, en una acera estrecha, hay una mujer, no puedes verla. ¿Quién era? Eso es todo. Ahí estoy capturando lo desconocido femenino. Es sexo. Es romanticismo. Es Beethoven.
P. Es literatura, el punto de partida.
R. Yeah, man.
P. Ha venido a hablar de coches y literatura [invitado por la Fundación Barreiros y por Mapfre]… ¿Cuál es su relación con los coches?
R. Amo los coches, tengo uno muy veloz, necesita mucha gasolina… ¿Vendrá a escuchar lo que diga? ¡Gracias por el café!
El Pais domingo 11.11.2012
jueves, 25 de octubre de 2012
El príncipe de las tinieblas
"Drácula", la novela de Bram Stoker, nos enseña que no somos dueños de nuestros deseos, por eso nos perturban. Pero es también, entre muchas otras cosas, una novela sobre la escritura de un libro
Ilustración de Enrique Flores
GUSTAVO MARTÍN GARZO 15 SEP 2012
Se ha cumplido este año, en el mes de abril, el centenario de la muerte del escritor irlandés Bram Stoker, autor deDrácula(1897), de la que Oscar Wilde dijo que era la novela más bella escrita jamás. Es extraño un calificativo así referido a un libro que habla de la desgracia de existir, de un mundo presidido por la abyección y el mal. La novela comienza con el diario de Jonathan Harker, un agente inmobiliario que viaja a la remota región de los Cárpatos para formalizar la venta de una casa en Londres, y que no tarda en descubrir que es prisionero del extraño y monstruoso ser que le acoge en su castillo.
En uno de los pasajes de este diario, Jonathan Harker nos narra su encuentro con tres lujuriosas mujeres que irrumpen en su habitación aprovechando la ausencia del conde, su amo y señor. Son tres vampiras y, aunque Harker se da cuenta enseguida de que algo maléfico las impulsa, no puede evitar caer bajo su hechizo. “Mi corazón, escribe, se inflamó con un deseo malvado y ardiente de que me besaran con aquellos labios rojos”. Representan, como la Lilith bíblica, el lado oscuro y perverso del ser femenino, la amenaza de una sexualidad libre, sin las ataduras de la religión o las convenciones sociales. Primo Levi, en su relato Lilith, describe así a la primera compañera de Adán: “A ella le gusta mucho el semen del hombre, y anda siempre al acecho de ver adónde ha podido caer (generalmente en las sábanas). Todo el semen que no acaba en el único lugar consentido, es decir, dentro de la matriz de la esposa, es suyo: todo el semen que ha desperdiciado el hombre a lo largo de su vida, ya sea en sueños, o por vicio o adulterio”. Ese semen desperdiciado, el que tiene que ver con los sueños y los deseos inconfesables, es el símbolo de esa sexualidad oscura y siempre ávida de nuevas víctimas que representa el vampiro.
Drácula, escrita en plena época victoriana, habla con un atrevimiento insólito en su época del deseo sexual. Ese deseo no sólo aparece en los merodeos nocturnos del conde sino en el consentimiento de sus víctimas. Una de las leyes que rigen el mundo de los vampiros es que estos sólo pueden entrar en una casa si alguien los llama desde su interior, lo que explica la frase con que el conde recibe a Jonathan Harker, al comienzo de la novela, en la puerta de su castillo: “Entre libremente”. Es decir, porque así lo desea. Es Jonathan Harker el que desea besar los labios rojos de la vampira, y serán, más tarde, Lucy y Mina, la prometida de Jonathan, las que llamen al conde para ofrecerse a él. Las escenas de esa entrega son de una intensidad sexual que todavía hoy, en que la sexualidad ha dejado de ser un tabú, nos hacen estremecernos, y no es difícil imaginar lo que supuso en su tiempo leer unos pasajes como estos.
Drácula, la novela de Bram Stoker, nos enseña que no somos dueños de nuestros deseos, por eso nos perturban. No es cierto que nuestro cuerpo nos pertenezca, siempre pertenece a otro: a aquel o aquella que lo hace despertar. Mina y Lucy rechazan todo lo que el conde representa —la oscuridad, el daño, el dominio—, y sin embargo una y otra vez le llaman a su lado pues inconscientemente ansían ese semen que se pierde en las noches, que no llega a la matriz de la esposa, y que representa la sexualidad libre que no dejan de anhelar. Pero mientras que Lucy termina devorada por esa sexualidad y por transformarse ella misma en una vampira; Mina logra sustraerse a su influjo gracias a la fuerza del amor. La historia de estas dos muchachas es sin duda el corazón de este libro extraordinario.
Drácula representa lo que Nietzsche llamó la “gran razón del cuerpo”, que es justo lo que niegan los sensatos diarios que leemos, como si eso tan humano de lo que no dejan de hablar, con su sometimiento a todos los convencionalismo de la época, terminara por resultar insignificante. Sólo el conde Drácula habla de lo que somos, sólo en él se esconde nuestra verdad.Pero Drácula es también, entre muchas otras cosas, una novela sobre la escritura de un libro. Un libro que lector ve crecer ante sus ojos, como esa obra que separa la razón de la locura, el mundo de los hombres del de la animalidad y el mal. Todos los que se acercan a Drácula comparten misteriosamente esta necesidad de escribir, de contar lo que les sucede cuando se acercan a él, y así, tras el diario de la visita al castillo del conde de Jonathan Harker, nos encontraremos con el diario de Mina y con las cartas que ésta intercambia con su amiga Lucy. A estos documentos no tardan en sumarse las notas de los doctores Seward y del doctor Van Helsing. Todos ellos padecen, como Hamlet, la misma compulsión a anotar lo que ven, sin perder ni un solo momento, como si supieran que lo que está en peligro no es sólo sus propias vidas sino la posibilidad misma de lo humano.
Las victorias de Drácula, como las del demonio cristiano, proceden de una comprensión profunda de la naturaleza de sus víctimas. El hecho de que Lucy se transforme en vampira, y que la misma Mina esté a punto de hacerlo, significa que esas damas sangrientas que tanto temen viven agazapadas en su interior. Drácula no hace sino liberarlas, pues nadie puede transformarse en algo que no es. La amenaza del vampiro está inscrita en la misma naturaleza de sus víctimas. Habla en suma de todo lo que estas son y se niegan a reconocer.
Todo esto aparece expresado con perturbadora y bella crueldad en la escena de la vampirización de Mina. Drácula se acerca a la joven y, tomándola en sus brazos, le dice que a partir de ahora será de su raza, será carne de su carne, sangre de su sangre, su compañera y su ayudante. Luego posa una mano sobre su hombro para sujetarla y, tras desnudar su cuello con la otra, se inclina sobre ella para beber su sangre. Y, al día siguiente, Mina anota en su diario, recordando la escena: “Yo estaba desconcertada y, por extraño que parezca, no deseaba entorpecerle”. A pesar de todo el horror que le produce el conde, lo que Mina nos dice es que deseaba entregarse a él.
Pero no sólo es Mina la que cae bajo el influjo de Drácula, sino que también este se siente turbado, al menos unos instantes, por la irrupción de un sentimiento nuevo, incompatible con su naturaleza demoníaca: la intuición del amor humano. Así es, en efecto, como el doctor Seward describe el comportamiento de Drácula en la misma escena: “A pesar de las circunstancias, me resultó curioso observar que, en tanto que el rostro (del conde), blanco de color, se agitaba convulso sobre la cabeza inclinada de la mujer, las manos acariciaban tierna y amorosamente su cabello revuelto”.Drácula representa el mundo del deseo sin límites, sin moral, sin posibilidad de aplazamiento o renuncia; Mina, el mundo paciente e inquieto del amor humano. Así es, en efecto, como el doctor Seward describe el comportamiento de Drácula en la misma escena: “A pesar de las circunstancias, me resultó curioso observar que, en tanto que el rostro (del conde), blanco de color, se agitaba convulso sobre la cabeza inclinada de la mujer, las manos acariciaban tierna y amorosamente su cabello revuelto”.Drácula representa el mundo del deseo sin límites, sin moral, sin posibilidad de aplazamiento o renuncia; Mina, el mundo paciente e inquieto del amor humano, tan cercano a esa escritura que trata de liberarse de la tiranía de las convenciones sociales y atender las razones del cuerpo. Y lo perturbador de esta novela es que nos dice que esos mundos no pueden dejar de estar juntos. El deseo le pide al amor que prolongue sus goces, y el amor le pide al deseo que no lo deje sin locura. Ambos buscan lo que no puede ser: las nupcias entre la vida y la muerte.
Gustavo Martín Garzo es escritor.
El Pais sabado 15 de septiembre de 2015
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