viernes, 26 de marzo de 2021

Instrucciones para no morderse la lengua por Juan Cruz

 Darío Villanueva es catedrático, ha sido director de la Academia, generalmente usa corbata, pero en los saraos de antaño era el primero en salir a bailar tras las conferencias sobre el buen uso de la lengua. Para escribir este libro, Morderse la lengua. Corrección político y posverdad (Espasa), también se ha quitado la corbata, y naturalmente no se ha mordido la lengua, como militante "contra la forma posmoderna de la censura que se llama corrección política". Si te muerdes la lengua te envenenas. Pasa en su propio oficio. Un profesor español en Princeton le espetó a un estudiante: "¡A ver si te pones a estudiar y dejas de tocarte los cojones!". Acto seguido el muchacho acudió a la autoridad para denunciar de acoso sexual verbal al maestro, éste fue expulsado por la rectora y tiempo después se suicidó el profesor. Se ha sabido que el maestro francés degollado por un fanático fue atacado a raíz de una mentira de una alumna mahometana que no estaba en clase, pero le contó a su padre que el maestro mostró "de manera ofensiva los famosos dibujos contra Mahoma". El padre fue a un imán con la historia, "lo contó en las redes y al tiempo lo degollaron". La corrección política, dice Villanueva, la ejercía antes un poder político o religioso... "Ahora es parte de una nebulosa de la sociedad, un género se considera autoridad para imponer lo que se puede y lo que no se puede decir. El que no se atenga a esas normas no escritas tiene que atenerse a las consecuencias".

Quevedo avisó, como recoge el académico antes de empezar el libro: No he de callar por más que con el dedo / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avisas o amenaces miedo. "Lo perverso del asunto es que nosotros vivimos en democracia, sabemos cómo fueron la censura de la dictadura y la de la Iglesia, parecía que estábamos vacunados contra ello y ahora sabemos que no es así". En el ámbito del feminismo, en los ochenta la palabra Woman, mujer en inglés, "ya fue rechazada porque en su segunda parte dice hombre... Desde esa idiología de la no identificación de género ya no se puede decir madre sino persona gestante; y en el caso de la propia palabra mujer es más correcto decir persona menstruable... Una señora nos mandó una carta a la Academia exigiendo que se retirara del diccionario la palabra mayormente porque le hacía llorar los ojos. Y dos persona firmaron una misma carta diciendo que hay que retirar el adjetivo racional porque es ofensivo contra los seres irracionales". Enid Blyton está acusada de sexista y racista. Y a Mark Twain lo persiguen por haber escrito la palabra nigger... Al propio Darío Villanueva lo amenazaron por haber glosado en sus lecciones universitarias norteamericanas la parte en la que , en el Lazarillo, la madre de Lázaro se amanceba con un negro ante cuya visión el niño exclama: "¡Negro, coco!" ¿Y cómo combatimos este manto de corrección política? "No aceptándola, no mordiéndonos la lengua... Yo tengo 70 años, y me niego a aceptar que soy de la tercera edad. Yo soy viejo".

Por cierto, ¿y al fin no calló Quevedo? "Era un hombre inteligente, lector de Maquiavelo, dijo aquello de "entre el clavel y la rosa su majestad escoja" y así consiguió que no lo metieran en la trena... pero lo metieron". ¿Y usted, se muerde la lengua? "Por pudor, o por cortesía. Nunca por corrección política". 


El Pais, sábado 20 de marzo de 2021.

martes, 23 de marzo de 2021

Una escuela de contar Barcelona por Juan Cruz

 El temporal de 2020 barrió con su viento horrible dos de las miradas que hicieron de Barcelona protagonista de distintas literaturas, las de Carlos Ruiz Zafón y Juan Marsé, a los que la ciudad quiere más allá de que les dediquen avenidas o barrancos. El autor de La sombra del viento murió en junio y Marsé falleció un mes más tarde. Sus obras explican maneras de ver Barcelona. El novelista de La ciudad de los prodigios, Eduardo Mendoza, que alterna Barcelona con su casa de Londres, dice que esos dos amigos constituyen una escuela de contar Barcelona. Marsé es el fundador..."Sitúa las peripecias de los personajes en lugares que forman parte de su identidad. En Ultimas tardes con Teresa están clarísimos el barrio de los perdedores y el barrio de los ricos, así como el trayecto que va de un barrio al otro. La ciudad, en Marsé, se convierte en escenario y en parte de la trama...En el caso de Manolo Vázquez Montalbán y su Carvalho, él recorre la ciudad con su personaje, lo acompaña por todos los estratos y así incorpora la propia Barcelona a la acción". Mendoza la convierte en un prodigio desde el título..."Después de ellos dos, venimos los que hacemos que la ciudad sea la protagonista, no sólo el escenario y parte de la trama, sino como una persona casi independiente de la propia ciudad. Se invierten los papeles, la peripecia es la de la ciudad y el individuo es el lugar por donde transcurre esta historia urbana. Es lo que intento hacer en La ciudad de los prodigios y lo que hace luego Ruiz-Zafón con la escritura que inicia con La sombra del viento".

Esta saga de miradas coincide, dice Mendoza, "en el momento en que Barcelona es una ciudad por explotar, al menos en castellano. Madrid ya había sido muy trabajada por Galdós, por Baroja; a Barcelona la habían tratado, desde la crónica periodística, Pla y Gaziel... Nuestra generación saca los referentes de Pla y de Mercé Rodoreda, cuando la Barcelona real era un huerto por cultivar". Ahora el que quiera entrar en la Barcelona literaria, para retratarla, lo tiene muy mal, "porque ya no queda ni catedral por contar". ¿Qué tuvo tanta potencia en la escritura de Zafón para convertir su trazo de Barcelona en un fenómeno universal? "Surgió de repente, y no hay manera aún de explicarlo. No hay país del mundo donde no sea el escritor de Barcelona por antonomasia. Tiene un talento natural, pero también un aprendizaje muy bueno, como guionista en Hollywood, como hombre de la publicidad en Los Ángeles, así que tiene todas las técnicas propias de la narrativa moderna. Y luego se encuentra con Barcelona, cuyos alicientes justifican el viaje que excita su propia literatura". Se fueron. Dos miradas para Barcelona. "Dos amigos. Y antes se fue Manolo. Marsé fue la larga conversación de muchos años. Ya es hora de que salgan jóvenes y que nos manden al retiro. No sé que contarán, pero tienen muchas cosas que contar. Yo estoy en tiempo de descuento". Sergio Vila Sanjuán, periodista, escritor, recuerda a su amigo de Zafón prendido del Portal Gaudí, su espacio mayor en la ciudad que él hizo mundial. Ahí está la fotografía de Marsé, su mirada en la Barceloneta. Su hija Berta, novelista, lo recuerda emocionado viendo en el cine a Carmen Amaya bailando para Los Tarantos en el Somorrostro, pero no lo recuerda en la Barceloneta, "entonces los barceloneses vivían de espaldas al mar".


El País, sábado 30 de enero de 2021

viernes, 19 de marzo de 2021

Dentro y fuera de los libros

 Por José Antonio Millán

El libro es un curioso objeto intelectual y material, inscrito a la vez en el tiempo y en el espacio, en los mapas conceptuales de nuestros saberes y en la geografía de nuestras ediciones y lenguas. Esta realidad poliédrica favorece la constante generación de obras que estudian alguno de sus aspectos, hasta tal extremo que los libros sobre libros ya son un género propio en las librerías.

Que el libro no se agota en sí mismo es un hecho claro, y nada lo demuestra mejor que los aparatos destinados a navegar en su interior. Surgidos inicialmente para el estudio de las Escrituras, los índices pronto se convierten en una pieza fundamental en el saber. María Gioia Tavoni, profesora en Bolonia, recorre su historia en su obra Circunnavegar el texto. Los índices en la Edad Moderna. Comienzan como un apoyo privado a una lectura. Las listas de temas y subtemas, de nombres y lugares,  las creaban los lectores con el propósito de recuperar fácilmente los fragmentos de texto que les habían interesado. Los indices crecen y se hacen más precisos con las balizas que roturan las obras: inicialmente, los nombres de capítulos y apartados, luego, la numeración de las hojas y, por último, de las páginas.


El cerebro del niño (1914), óleo de Giorgio de Chirico.

Esos índices personales de la época del manuscrito son a veces copiados y disfrutados por otras personas, de modo que cuando llega la imprenta es lógico que comiencen a imprimirse, muchas veces independientemente de la obra a la que se refieren. Pero no sólo se guían por los contenidos evidentes: en el caso de obras de materia religiosa pueden ayudar a descubrir ideas compremetedoras que el recelo del autor había camuflado. Por este motivo, un índice (!no la obra¡) podía acabar en el Índice... de libros prohibidos. Por último, un índice como el que el pastor Muchon hizo en 1780 para los 33 volúmenes de la Encyclopédie tiene la capacidad milagrosa de restituir al orden de la razón los conceptos que la obra había repartido alfabéticamente en diversas entradas. En el momento actual, cuando el ahorro y la incuria editoriales hacen que se prescinda frecuentemente de este útil aparato, una obra como Circunnavegar el texto recuerda la sutileza y el poder de índice bien confeccionado (como el que cierra este cuidado volumen).

Pero el libro, como objeto material y cultural tan inserto en nuestro imaginario, se puede abrir en un mundo de experimentación. En El libro expandido. Variaciones, materialidad y experimentos, la poeta y profesora Amaranth Borsuk recorre primero las formas históricas que adopta en distintas culturas para desembocar en el auténtico tema de su obra: la expansión del "códice" en reencarnaciones digitales y en manipulaciones artísticas que permiten reflexionar sobre su naturaleza y desbordar sus límites. La experiencia del libro electrónico, en el que objetos del tamaño de libro de bolsillo rebosan de obras, se complementa con las intervenciones poéticas que juegan con el continente y el contenido. Así, aparece el libro-caja o archivo, el libro desencuadernado o recombinante, como trampa o burla de uso, para recordar su identidad a través del extrañamiento y la autorreferencia. Libros hechos de materiales perecederos, que acentúan su carácter efímero; libros que rompen la linealidad, con su contenido accesible de múltiples maneras; libros censurados, de páginas tachadas, o atravesadas de clavos...Cuando los artistas quieren desafiar la cultura heredada no la transgreden creando variantes de muebles o automóviles, sino de libros: el "libro de artista" es un elemento definidor del siglo XX, como presencia constante en cada vanguardia artística, del futurismo en adelante. Poesía y tecnología se dan así la mano en El libro expandido, que contiene una sabrosa antología de citas sobre el libro, y que a través de una cronología, glosario y lista de lecturas complementarias permite poner cerco a una realidad polimorfa.

Emparentado misteriosamente (por la aparición simultánea de estas obras en el mercado) tanto con la baliza textual como con el arte libresco, el bibliotecario e historiador de la edición Massimo Gatta aborda en Breve historia del marcapáginas un elemento indispensable en la apropiación del libro por parte del lector: el señalamiento del punto en el que cesa la lectura. El marcapáginas es el pariente rico del ominoso pliegue de la esquina de la hoja, es la apoteaosis del objeto que el azar dispone para marcar un lugar (incluyendo el dedo del lector). Y puede venir incorporado a la encuadernación (cinta, tira de cuero ricamente adornada) o ser pieza exenta con decoraciones o publicidad (como la mise en abyme del marcapáginas del libro sobre el marcapáginas presente en este volumen). Objeto de coleccionismo, o pieza efímera del comercio y la industria, en esta pequeña pieza se condensa el alto en la lectura como promesa y recordatorio de su continuación. Treinta ilustraciones a color que recorren una rica panorámica de la materialidad de la pieza (¡el lector  la lectura de Bronzino!) complementan esta pequeña, juguetona obra.


El Pais. Babelia Nº 1.522, sábado 23 de enero de 2021



martes, 16 de marzo de 2021

En busca del blanco perfecto

 Por Juan Carlos Galindo

Al tiempo que domina la lista de ventas, la novela negra sigue ganado prestigio. en medio de la pandemia fue un refugio para una industria que cada enero busca el siguiente éxito

Policías de diverso pelaje moral, víctimas no siempre inocentes, detectives frustrados, psicópatas, ladrones y timadores, mafiosos, corruptos, héroes y seres abyectos son algunos de los miembros de la curiosa tropa que toma por asalto las librerías cada mes de enero. El inicio del año se tiñe de negro literario y, con la resaca navideña presente todavía en los estómagos y los bolsillos de los lectores, las editoriales apuestan por un género que se ha convertido en un auténtico refugio. "Desde hace tiempo, el género negro es el más leído en todo el mundo. Su éxito no es fruto del peculiar momento que vivimos, sino que ha ido creciendo con mucha fuerza, y singularmente en España durante los últimos 10 años. Dicho esto, es indudable que el confinamiento total ha alterado los planes de publicación de las editoriales, que no solo han tenido que recortar el número de títulos, sino también dejar para momentos más propicios los más arriesgados, apostando por obras más identificables y seguras. Sin olvidar que la novela negra es uno de los géneros más resilientes, incluso en tiempos de crisis: siempre es altamente reconfortante ver que su línea narrativa parte del caos, pero acaba llegando a una solución y un regreso al orden", sintetiza Anik Lapointe, editora de Salamandra y precursora del género en español desde que dirigiera la Serie Negra de RBA.

Si esto fuera una novela enigma, al Dupin o al Holmes de turno les faltaría una pieza del puzle para explicar por qué este mes y no otro. La respuesta es sencilla: el culpable es el festival BCNegra, que celebra este año del 21 al 31 de enero su decimosexta edición. "Las editoriales se dieron cuenta de que había más actividades, más atención de la prensa y aprovecharon esta pista de aterrizaje para adaptar sus propuestas literarias al evento. Al sacar un libro en enero, este tiene un recorrido de 8 o 10 festivales, algo que en el resto de géneros no ocurre", explica Carlos Zanón, escritor y comisario de BCNegra. "Las colas que se forman cada año -!días laborales incluidos¡- a la entrada de los recintos que acogen los actos de BCNegra simbolizan el éxito de la propuesta", comenta Antonio Lozano, periodista y escritor que acaba de publicar el ensayo Lo leo muy negro (Destino) y que dirige la Serie Negra de RBA. Este año en el que la pandemia ha trastocado todo, esa asistencia masiva de público está descartada, pero la cita barcelonesa resiste, se adapta y se expande imitando al género del que hace bandera. "La cultura es la que ha salvado todo esto, la que nos ha permitido quedarnos en casa, explicar qué está pasando. La industria ha reaccionado bien y rápido", reflexiona Zanón.

La ficción criminal en España -aderezada ahora por un creciente gusto por el true crime, género de larga tradición en otros países y del que este mes tenemos un buen ejemplo en Poli, de Valentin Gendrot (Principal)- es un campo de batalla cruel y diverso en el que la superproducción, la búsqueda como sea del siguiente éxito o la copia de patrones establecidos se alterna con apuestas literarias de calidad -en enero, Seis cuatro, de Hideo Yokohama (Salamandra); Catedrales, de Claudia Piñeiro (Alfaguara), o Tres, de Dror Mishani (Anagrama), por ejemplo-, recuperación de clásicos - Tusquets publica dos novelas del comisario Bärlach, del siempre exigente Friedrich Dürrenmatt; Siruela edita la antología Villanos victorianos en su biblioteca de clásicos, y con Una mujer endemoniada RBA completa la publicación de toda la obra de Jim Thompson-, grandes series- sigue adelante Benjamin Black con su patólogo Quirke (séptima entrega), y no se pierdan al detective canalla Harry McCoy en Hijos de febrero (Tusquets), segunda novela de Alan Parks- y descubrimiento de nuevos talentos- atentos a Romy Hausmann y su thriller Mi dulce niña (AdN)-.

Estos son solo algunos ejemplos de lo que se publica en las próximas semanas en un género inabarcable, con diversas aristas y vertientes que le permiten moverse con rapidez de una tendencia a otra. "Puede que haya novelas que sigan patrones demasiados definidos, pero también surgen constantemente autores con enfoques novedosos. el concepto de novela negra se expande continuamente", reflexiona Fernando Paz, editor de AdN, sello que en sus cuatro años de existencia ha consagrado casi la mitad de su producción al género con autores como Michael Connelly o Tana French. "Es un ente omnívoro que se alimenta de la ficción literaria y tiene múltiples concreciones", resume Lapointe para explicar que, por ejemplo, en las próximas semanas lleguen varias novedades de novela negra histórica, simbiosis que se ha convertido en una de las grandes apuestas del sector: destaca la vuelta del policía militar en tiempos de los nazis Martin Bora en La noche de las estrellas fugaces (Alianza) o El abstemio, de Ian McGuire (Seix Barral).

En busca de la campanada

Una sólida comunidad de lectores, un circuito de festivales, éxitos internacionales..., el pastel es jugoso; la apuesta, arriesgada. "Como ocurre con la literatura en general, las ventas se concentran en unos pocos títulos y probablemente cuatro superventas llevan a pensar que las masas se lanzan sobre toda la novela negra. Si ha existido un verdadero boom ha sido exclusivamente en términos cuantitativos, la sobreproducción es salvaje y esto dificulta mucho la visibilidad de las perlas. Pero sin duda que hay un público interesado y esto lleva a los sellos a renovar constantemente la apuesta por él, impulsados a su vez por la confianza en dar la campanada", resume Lozano.

"Mi amigo Manuel Vázquez Montalbán y yo nos teníamos que hacer perdonar para que nos aceptaran en los sillones de los escritores serios y auténticos. Nos preguntaban: ¿Por qué no hacéis literatura de verdad?", recuerda el escritor Juan Madrid, uno de los pioneros de la novela negra en España, premiado en año pasado con el Pepe Carvalho de BCNegra por toda su carrera. Mucho ha cambiado la situación desde que el autor de Días contados fuera a la primera Semana Negra de Gijón hace más de 30 años.

Para llegar hasta aquí se ha pasado por una época de literatura de culto para iniciados, tiempos en los que una visita de Dennis Lehane a Barcelona podía pasar casi inadvertida. Las barreras del gueto se derribaron, según la opinión general del sector, gracias a Stieg Larsson y la serie Millenium. "Creo que le debemos agradecer este redescubrimiento de la literatura -a partir de la literatura policíaca- para muchos lectores que habían dejado de leer o nunca lo habían hecho", asegura María Fasce, editora de Alfaguara y Lumen y creadora del fenómeno del thriller Carmen Mola.

Según los datos que maneja la industria publicados por EL PAÍS, los dos primeros puestos de los libros más vendidos entre enero y agosto de 2020 son novelas negras: Reina roja, de Juan Gómez-Jurado (Ediciones B), parte de una trilogía de la que el autor ha vendido más de un millón de ejemplares y que la ha convertido en un fenómeno editorial incontestable, y El enigma de la habitación 622, de Jöel Dicker (Alfaguara). No es casualidad que sean sendos thrillers. En la búsqueda del siguiente éxito y aprovechando sus infinitas variedades, este es el sendero más transitado por las editoriales. ¿Gusto por la evasión, por lo fácil?"Esa es la explicación esnob de quienes no pueden aceptar el éxito de los que consideran un género menor. También podría llamarse reflejo de nuestra sociedad y de lo más oscuro del alma humana, que es como se leyeron después las novelas de Hammett y Chandler que sus coetáneos despreciaban", defiende Pasce. "La novela negra es la novela de la inseguridad, de las sociedades fallidas, de lo que se hace mal", considera Madrid en esa misma línea. Bebiendo de esta teoría, el género se ha abierto también a un análisis general de la violencia en el que caben todavía más autores y temáticas, y del que el Premio Carvalho de este año a Joyce Carol Oates o el programa de BCNegra de los últimos años (con autoras como Sara Mesa, Mónica Ojeda o Bonnie Jo Campbell) son buenos ejemplos.

Unos y otros se quejan de la avalancha de títulos, de los árboles que impiden ver el bosque, pero no parece que nadie vaya a parar y menos a dejar pasar la oportunidad de otro enero sangriento. No quedarse en lo obvio, resistirse a la apuesta conservadora, cuidar del lector y fortalecer una comunidad literaria creciente y única en el mundo editorial en español son las recetas comunes expresadas en voz alta por una colectividad que mira a Francia como ejemplo (con su red de librerías y el Festival Quais du Polar de Lyon como su máxima expresión) y que ya transita por el mundo editorial sin complejos. "Al contrario que en otros festivales, en el género negro, como no tenemos el glamour, pensamos en los lectores. Yo creo mucho en el entusiasmo. No pedimos curriculo a quien quiera apuntarse a ser curioso con nosotros, pero tampoco vamos a pedir perdón", proclama el comisario Zanón.


El País. Babelia Nº 1.520, sábado 9 de enero de 2021

viernes, 26 de febrero de 2021

Entre Narnia y la Costa Brava

 Babelia El Pais, sábado 20 de febrero de 2021

Edgar Cantero triunfa en Estados Unidos, y escribiendo en inglés, con historias inspiradas en referentes pop de los ochenta y noventa. Ahora publica en castellano su nuevo libro

Por Laura Fernández

Vive en West Hollywood, como Johnny Depp y Kate Perry. Pero no es una estrella de cine ni una cantante de éxito. Es escritor. Creció fascinado con la idea de América de cartón piedra, la América pop del cine de Steven Spielberg y Robert Zemeckis. Vio infinidad de sitcoms de risas enlatadas en las que había chicos llamados Zach y chicas llamadas Kelly. Y se dijo que el mundo en el que vivía, una Barcelona sin casas con jardín trasero ni crema de cacahuete, sin bicicletas con cesta para el walkie-talkie ni más o menos terroríficos bailes de fin de curso, no tenía nada que ver con aquello, pero ¿aquello existía realmente? "No, es solo una idea romántica. Pero a los americanos les encanta ver cómo la reproducimos. Les genera incluso cierta nostalgia", contesta.

Su nombre es Edgar Cantero (Barcelona, 39 años) y tiene una historia: la de un escritor que triunfa en su lengua materna, el catalán, a los 25 años. Y que luego desaparece. O no del todo. Lo siguiente que se saba de él es que sus libros pasan semanas y a veces meses en las listas de los más vendidos de The New York Times. No son libros que puedan encontrarse en su lengua porque están escritos en inglés. El caso es que son tan absolutamente devorables que sus giras por Estados Unidos pueden llegar a ser tan largas que un día su agente le dice que todo iría mejor si se mudara a Los Ángeles. Y eso es lo que hace. Y para entonces ya es un autor de éxito y recibe unos anticipos que convierten en algo portentosamente ridículo lo que había recibido hasta ese momento aquí.

Dormir amb Winona Ryder puso a Cantero en el mapa de lo literario catalán en 2007. Ocurrió con aquella novela algo parecido a lo que ocurriría años más tarde con Permagel, de Eva Baltasar. Que consiguió gustar tanto a la crítica como al público, y se convirtió en un pequeño fenómeno. Cantero publicó otra novela. No pasó nada extraordinario con ella. "No estaba cómodo de todas formas. Recuerdo fieras peleas con mis editores catalanes para que me dejasen escribir diálogos que no sonasen a algo normativo. Yo solo pensaba en expandir la lengua, pero es muy difícil cuando tienes encima al Institut de les Lletres y toda esa cultura normativa", recuerda. Le encanta que el inglés "anime a crear palabras nuevas constantemente", añade.

¿Por eso dio el salto a ese idioma? "No. En realidad lo di porque me obsesioné con las novelas de casas encantadas y leí montones en inglés, y cuando me puse a escribir me di cuenta de que estaba todo el rato traduciéndome mentalmente y me dije: "¿Y si pruebo a hacerlo directamente en inglés?". Fue así como surgió The Supernatural Enhancements (2014). ¿Y qué hizo cuando la terminó? "Busqué agente en Estados Unidos. Me metí en Internet y contacté con 78 agentes. Solo me contestaron tres, pero a los tres les encantaba. Una de ellas me dijo que era la clase novela con la que se podía conseguir un muy buen contrato. Y lo hizo", contesta. El éxito fue considerable. Minotauro la publicó en España un año después. La tituló El factor sobrenatural.

Con Meddling Kids, su segunda novela, que acaba de publicar Insólita Editorial en español -con el guiño en portada a lo extravagante de que se trate de un "best seller de The New York Times"-, ocurrió algo distinto. "Cuando vivía en Gràcia tenía una pizarra en la que apuntaba ideas. Normalmente mis novelas surgen de la combinación de dos ideas. En el caso de Meddling Kids la ideas fueron Cthulhu y El Club de los Cinco", cuenta. Es decir, imaginó una historia en la que el tentacular y monstruoso universo lovecraftiano se topaba con los chavales que investigaban misterios en las novelas de Enid Blyton. Pero ¿se puso a escribir enseguida? No, esperó a ver qué opinaba su editor en Doubleday. "Les gustó la idea, pero no sabían quién era Blyton", dice.

Cambió a Blyton por Scooby-Doo. En realidad, no lo hizo del todo porque mezcla referentes. Es decir, Andy "es la lesbiana butch que podría haber sido George- la protagonista de El Club de los Cinco- de mayor", y Kerry, "la pelirroja guapísima de Scooby, pero siendo a la vez Vilma, la lista". De los chicos, uno, Peter, está muerto, se suicidó porque no podía con lo que la fama le había hecho- llegó a ser un actor infantil famosísimo-, y el otro, Nate, acaba de salir del manicomio, porque todos son, sí, mayores y van a volver al lago Sleepy, a Blyton Hills, a acabar con el verdadero monstruo del lugar que no era un tipo disfrazado, como el que atraparon cuando eran críos, sino uno real y salido de nada menos que, cómo no, el Necronomicón.

La novela se publicó en 2017 y tuvo un éxito aún mayor que la primera. Fue entonces cuando su agente le recomendó instalarse en Estados Unidos y tratar incluso de meterse en el mundo del cine. Ya ha escrito el piloto de una serie -basada en una de sus novelas- con otro guionista, y ha terminado y publicado una tercera novela, This Body´s Not Big Enough For Both Of Us. Hace poco recibió un correo de una actriz de GLOW interesándose por los derechos de Meddling Kids. Parece que alguno de esos proyectos despega, pero Cantero sigue con los pies en la tierra. Aunque sea la tierra con la que soñaba de niño. "Para mí, estar en Los Ángeles es un sueño", dice.

Lleva años, adelanta, escribiendo una especia de great catalan novel fantástica, y en inglés, claro. "Es una cosa larguísima y superpersonal. Para ellos, aquí, los nombres de los pueblos catalanes parecen salidos de las novelas de Tolkien. Hablo de la Costa Brava como si hablara de Narnia. Hay algo de realismo mágico que en catalán sonaría distinto", dice. A vueltas con la lengua y los editores de uno y otro lado del charco, añade: "Los catalanes no vemos nuestra lengua como algo poderoso y resistente, sino como algo raro y frágil, y a nuestros artistas y editores, como guardianes de ese tesoro. En Estados Unidos, los editores no se deben a causas tan abstractas; la mayoría están conformes con la idea de ser parte de la industria del entretenimiento". La novela, por cierto, ya tiene contrato. Va a llamarse Heaven Park.

"Meddling Kids". Edgar Cantero.

Traducción de Christian Rodríguez

Insólita, 2021. 416 páginas. 22,95 euros.



El Pais

domingo, 14 de febrero de 2021

Pasión común por los tipos de letra por Juan Cruz

 La vida por aquí por Juan Cruz

Lars Petter Amundsen y Matthias Beck, en su antiguo taller de impresión./Rafa Avero


En Actos de fe/Acciones concretas, una exposición abierta en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Cáceres en homenaje al escritor, editor y tipógrafo Julián Rodríguez (fallecido en el verano de 2019), hay frecuentas alusiones a tipos mitológicos de la historia de la tipografía. Optima, Bodoni, Palatino... Por ejemplo, del tipo de letra Palatino se dice en el programa de esa muestra de devoción por el pasado de la vida de las viejas letras, que nació en 1948 y es "una de las letras más frecuentes en el salto entre el impreso y la lectura en pantalla". Julián, por cierto, la utilizó para su colección Editora de Bolsillo. "Reelaborada en la segunda mitad del XX a partir de tipos clásicos, Palatino permite la transición entre el papel y el pixel con mucha facilidad".

Como si se agarraran como una lapa de tinta a su derecho a revivir, los viejos tipos resisten en algunos templos donde la tipografía en el último suspiro de los que alguna vez pensaron que Gutenberg era insuperable. Entre esos forzados están en Tenerife dos individuos singulares que vienen de territorios marcados por la historia de la imprenta, Matthias Beck, alemán y Lars Petter Amundsen, noruego. No son monjes de clausura, son diseñadores, dan clase de su oficio, y ya tienen entre sus alumnos clientela como para imaginar que quizá los tipos que también amaba Julián Rodríguez no son la primera impresión del cartel de Lo que el viento se llevó.

Llevados por su locura común, Matthias y Lars rastrearon imprentas saqueadas por la obsolescencia e inventaron su propia imprenta. Se fijaron en un libro que les sirvió de guía (Tenerife con olor a tinta, de Rafael Zurita) para buscar entre los restos de los impresores arruinados. De lo que sacaron hay ahora, en los bajos del Museo Municipal de Santa Cruz, una antología rediviva de la tipografía. Se llama Tipos en su tinta. La linotipia, que parecía que iba a ser una reliquia al frente de las empresas que la usaron (como este periódico), está aquí a pleno rendimiento. Tipos en su tinta nació para este oficio viejo en 2013. En su taller cuadriculado impera un orden que no envidia el de los diseños de las nuevas tecnologías, pero todo tiene el aire de haber sido traído del baúl de los tiempos en los que comunicar era cuestión de tinta y de tipos.

Esta semana, en el auditorio del TEA (el museo insular que al principio se llamó Oscar Domínguez, como el gran artista de la isla) y la Sala de Arte del Parque, se celebró un homenaje a los tipos que más fama literaria tuvieron en las Canarias republicana, y que más resonaron en el mundo, aquellos con los que se imprimió la revista la gaceta del arte (así, en minúsculas), de la que los canarios Eduardo  Westerdahl, Pedro García Cabrera y Domingo Pérez Minik (entre otros) se hicieron cómplices en el atrevimiento de apostar por el nuevo lenguaje del arte.

El noruego y el alemán se paseaban por la exposición como tipos que miran la imprenta como un milagro de hierro y de madera y de tinta que no morirá nunca a manos del pixel. Julián Rodríguez hubiera paseado con ellos. Actos de fe. Pasión compartida por los tipos de letra.


El Pais, sabado 12 de diciembre de 2020

sábado, 6 de febrero de 2021

ROMANCERO GITANO (1929) POEMA DEL CANTE JONDO (1931) Federico García Lorca

La tradición innovadora

Por Luis García Montero

Palabra de dos filos, acompañada desde el principio por un éxito rotundo y por un rechazo implacable, la poesía neopopular de Federico García Lorca ha tenido una suerte doble. Si la publicación del Romancero gitano se convirtió de inmediato en un verdadero acontecimiento, el poeta recibió también críticas duras como la de su amigo Salvador Dalí: «Tú quizás creerás atrevidas ciertas imágenes, o encontrarás una dosis crecida de irracionalidad en tus cosas, pero yo puedo decirte que tu poesía se mueve dentro de la ilustración de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas». En el fondo, la cultura española de la primera mitad del siglo XX dio a la poesía neopopular el mismo trato doble que a la idea de nación. Por una parte, los diálogos con las tradiciones, la mezcla de imágenes de vanguardia y de formas populares, se sumaban al sueño progresista de la vertebración de España, a la búsqueda de una verdad nacional sólida desde la que plantearse la modernización del Estado. Pero, al mismo tiempo, la propia modernidad estética y política generaba tendencias desestabilizadoras, corrientes que cuestionaban el sentido del arte y del Estado. El surrealismo antiartístico de Salvador Dalí no podía comprender el diálogo entre la tradición y la vanguardia que pretendió García Lorca en el Romancero gitano.

Y es que los adjetivos popular y nacional suelen tener dos filos en la vida y la cultura española. La falta de memoria y las manipulaciones reaccionarias tienden a confundir el sentido de algunas palabras. El caso de Dámaso Alonso puede servirnos de ejemplo. Cuando publicó en las Ediciones Españolas, en 1937, su artículo Federico García Lorca y la expresión de lo español, no hacía otra cosa que sumarse a los esfuerzos de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Frente a la propaganda del llamado bando nacional, los escritores republicanos intentaban demostrar que lo verdaderamente popular y español estaba de parte de la democracia. García Lorca, recién ejecutado por Franco, era la expresión de lo español, el heredero de la poesía de Lope de Vega, la voz lírica del pueblo. Pero al terminar la guerra civil, cuando el franquismo manipuló la imagen de Andalucía para ofrecer una versión folclórica de España, las palabras de Dámaso Alonso fueron mal interpretadas. Poco preocupados por las fechas originales, algunos críticos pensaran que el autor de Hijos de la ira pretendía integrar a García Lorca en la cultura de los vencedores.
La verdad es que las folclóricas oficiales bailaban y recitaban en los tablados, con mucho sentimiento telúrico, los versos del Poema del cante jondo y del Romancero gitano. Hubo una lectura franquista de García Lorca, un lorquismo de coros y danzas que pretendió domar al poeta hasta transformarlo en el exponente de un añejo costumbrismo regionalista
y clerical. Por eso no nos resultó fácil a los poetas de mi generación comprender la apuesta profunda de las canciones irracionales y medidas de García Lorca, su versión lírica de Andalucía, el valor estético de unos romances que consiguieron cantar y contar al mismo tiempo. Yo pasé sin transición de los versos juveniles del Libro de poemas, tan apropiados para vivir mi adolescencia lírica en Granada, al grito vanguardista de Poeta en Nueva York. Se trataba del García Lorca más crítico, más desesperado, más radicalmente innovador, una lectura sugerente para el joven español de los años setenta, cansado de cultura tradicional, dispuesto a lanzarse de una vez a las contradicciones íntimas de la modernidad, a los paisajes turbios y deslumbrantes de Manhattan.

Tardé tiempo en darme cuenta de que la madurez poética de Federico García Lorca había comenzado en 1922 con el Poema del cante fondo. La canción lírica de Juan Ramón Jiménez y la imagen ultraísta sirvieron para inventar (no para heredar) una Andalucía muy poco costumbrista, territorio dramático en el que reflexionar sobre la vida y la muerte, más interesado en los pliegues últimos de la condición humana que en la exaltación de una identidad regional. Las vocaciones universales de García Lorca y de muchos otros poetas andaluces, seguidores de la ética juanramoniana, convirtieron al sur en una metáfora del deseo, en una invitación al viaje, en la intuición de un escenario en el que los individuos pudiesen reconocer su plenitud o su soledad desamparada. Tenía razón García Lorca al afirmar que su Romancero gitano no es el libro de un andaluz profesional, y era coherente con sus personajes y sus metáforas al hablar de este modo: «Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío... del morisco, que todos llevamos dentro».
El Romancero gitano presenta un mundo literario propio, reconocible, con una manera muy personal de mirar la realidad y de contarla a través de imágenes. Narraba la vida y la ordenaba estéticamente. Su éxito se debió a esto, pero también a su relación con la antigua necesidad progresista de consolidar un país y una tradición, para salvarse así de las banderías, de los costumbrismos y del nacionalismo reaccionario. Los liberales de 1812, Giner de los Ríos, Menéndez Pidal, el primer Unamuno y Ortega y Gasset son reconocibles detrás de los versos de García Lorca, tan españoles y tan modernos, tan populares y tan vanguardistas.
© 2002, Luis García Montero

Publicado en Una Invitación a la lectura, Diario El Pais SL Madrid 2002